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Fue, quizás, el primer grito de la cinematografía paraguaya. La expresión: “Corré, Víctor, corré”, se hizo popular gracias a la película Siete cajas y simbolizó ese éxito inédito que alcanzó un film de factura nacional; también se constituyó en la voz de largada para el desarrollo de un arte que, hasta ese momento, solo ofrecía ejemplos aislados.

Documentales ya existían a inicios del siglo XX, con los primeros cortometrajes rodados en Paraguay. En 1932 el argentino Roque Funes hizo el primer largometraje, En el infierno del Chaco.

Los antecedentes remotos de la actividad cinematográfica de ficción en Paraguay hay que buscarlos en las coproducciones realizadas con cineastas argentinos. La primera en 1937: Paraguay, tierra de promisión (cuyo rodaje no culminó), seguida de las realizadas en las décadas del 50 y del 60.

Desde fines de los 70 se sucedieron también las coproducciones paraguayo brasileas. Pero es en 1978 cuando se estrena el primer largometraje que puede ser considerado enteramente nacional, Cerro Corá, que también fue el primer éxito de taquilla de una producción paraguaya.

A partir de entonces hubo varios intentos de establecer en Paraguay una industria del cine con fines comerciales, pero hubo que esperar la llegada del siglo XXI para asistir al boom cinematográfico, cuyo hito más destacado fue Siete cajas (2012), de Maneglia Schémbori, precedido por la buena acogida, nacional e internacional, que tuvieron Hamaca paraguaya (2006), de Paz Encina, y Cuchillo de palo (2010), de Renate Costa.

En carrera

En coincidencia con este despertar, la universidad privada Columbia anunció en 2013 la apertura de la carrera de Cinematografía, con una duración de cuatro aos, dividida en ocho semestres académicos. Hoy, los primeros egresados se aprestan a desarrollar los conocimientos aprendidos en la incipiente industria del séptimo arte local.

En la casa de estudios, la malla curricular se sustentó en la experiencia de los cineastas locales. “La apertura de la carrera es muy importante porque crea una base casi irreemplazable. Te permite contar con una formación mucho más ordenada si estás pensando en una obra, no solamente a nivel técnico sino también humano, de estructura, de lo que necesitás a nivel ideológico. Son muchos los factores que hacen a una película”, afirma el cineasta Juan Carlos Maneglia.

El director de Siete cajas, al igual que la también directora Tana Schémbori, integra la nómina de los realizadores locales que transmitieron su experiencia a los estudiantes de Columbia. l confiesa que lo asombró el gran crecimiento que tuvieron los estudiantes en los seis meses que compartió con ellos.

Con el talento demostrado por los jóvenes aprendices de cine, existen fundadas esperanzas de contar en el país con una industria cinematográfica fortalecida, que genere trabajos con sello propio, asegura Maneglia. Una formación que ni él ni Schémbori tuvieron la oportunidad de aprovechar, por la inexistencia de la carrera en el país.

“Yo soy autodidacta. Entré al cine club del Cristo Rey a los siete aos; después seguí Ciencias de la Comunicación porque era lo más cercano al cine y más tarde entré a trabajar en publicitarias, lo que me dio una base sólida para producir. Por qué demoró tanto? “No sé”, responde el cineasta, pero intuye que tiene que ver con el hecho de que la actividad tuvo escaso incentivo y apoyo en el pasado.

“Eso hizo que haya poca necesidad de producir, de crear fondos. No existía esa mirada de que el cine era necesario, de que era posible y una manera de que el paraguayo se vea en la pantalla, se escuche, se identifique y que su autoestima crezca. Ahora hay más conciencia de eso”, agrega.

Según el realizador, la redes sociales están haciendo lo suyo para ese cambio y consiguen que hoy los jóvenes estén al tanto de lo que pasa en el resto del mundo, que sientan la necesidad de conocer todo lo que se hace afuera.

lex Vázquez, una de las egresadas de la carrera, considera que esta nueva generación nació gracias a la era digital, porque las herramientas son más accesibles y baratas. “Cuando no teníamos equipo, lo hacíamos con el celular, y es bueno que todos puedan filmar. Para mí no es tan importante tener la mejor cámara, los mejores equipos de luces. Si tenés algo que contar, podés hacerlo con lo que tenés a mano”, sostiene.

Maneglia seala que para consolidar la industria en el país, además de la existencia de una carrera universitaria, es fundamental contar con una Ley de Cine, que permita la creación de un instituto de cinematografía, lo que a su vez significará el ordenamiento de los fondos disponibles. “Eso es algo que está pendiente”, asegura.

Un instituto de cine servirá también para que los estudiantes que se están recibiendo tengan un lugar donde presentar sus proyectos. Además, sostiene el cineasta, si el sector privado ve que hay un orden detrás, que hay películas que funcionan bien para el público, entonces va a haber credibilidad y resultará natural arriesgar dinero en la producción de películas.

Santi Eguía, uno de los egresados de la primera promoción de cineastas, cuenta su experiencia cuando presentó, en un festival en San Pablo, Brasil, su cortometraje Cuando el día nace. “Me pegó fuerte escuchar que los demás tenían fondos del Gobierno para hacer sus cortos y que además había varias fuentes de financiación; no sé si con eso me hubiera salido mejor mi película, pero sí hubiese sido más fácil trabajar”.

Eguía pide también que se apruebe la Ley de Cine y aade que falta más producción. “Somos pocos todavía, pero estoy seguro de que va a haber más gente en la industria: personas que hagan locaciones, vestuarios, guión, dirección”.

En un escenario más favorable, el sector privado también se animará a apostar por el trabajo de los realizadores paraguayos. “Muchas empresas contratan a empresas argentinas o uruguayas para hacer sus comerciales. Sería bueno que crean en lo que podemos proponer aquí, porque hay gente capaz”, resalta Santi.

De las tablas a la pantalla

Una crítica común que se escucha cuando el público se refiere a una película paraguaya es que muchos de los actores parecen estar actuando en una obra teatral y no en una película. Eguía, al igual que sus compaeras lex Vázquez y Clari Lezcano, consideran que no es lo más habitual en las producciones paraguayas y que si ocurrió en algún caso puntual, la responsabilidad habría que atribuírsela más al director que al intérprete.

“Falta que haya buenos directores actorales. Algunos se preocupan más por la parte técnica, el sonido o la imagen, y se olvidan de la actuación. Pero en Paraguay hay actores capaces de adaptarse al lenguaje del cine, con los que se puede contar. Quizás falta pulirlos más”, seala Clari.

lex recalca que en el país abundan los actores de “muchísimo talento”, y está de acuerdo en que, lo que puede estar ocurriendo, es que no están bien dirigidos, “tal vez sea por nuestra transición del teatro al cine”.

Maneglia coincide y aade que la base de la actuación frente a las cámaras es el teatro, como sucede en otras partes del mundo. Sin embargo, aboga por la apertura de más lugares de enseanza de técnicas de actuación para cine.

“Lo ideal es que haya clases diarias. No tenemos las horas que nos gustaría porque todavía no hay una industria consolidada. Ojalá también surjan escuelas superiores de actuación para cine. Lo bueno es que vemos mucho talento y que cada ao crece el número de alumnos, dispuestos y abiertos a seguir aprendiendo”, analiza el realizador.

Hacia un lenguaje propio

Se puede pensar entonces en un cine nacional con características propias? “Puede que tome un poco de tiempo encontrar un cine paraguayo con lenguaje propio. Pero hoy, en muchas películas locales ya se siente un espíritu paraguayo”, afirma Santi.
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