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Castellar de N’Hug es un pueblecito situado en la provincia del Bergud. Para mí que vivo en Manresa, me ocupó una media de hora y media hasta llegar al municipio. Así, que relativamente cerca, pudimos realizar esa escapada maravillosa, en contacto con la naturaleza y con el medio rural que, a principios de primavera , resulta muy bucólico.

Al dirigirnos hacia Castellar de N’Hug, pasamos por Cercs, también un pueblo pequeito, famoso por sus fuentes donde aprovechamos para llenar garrafas, y por su panadería. Esta vez no nos paramos a comprar su famosa coca de Cercs, ya que la cola era considerable, así que, llenadas las garrafas de agua, seguimos nuestro camino hacia el nacimiento del río Llobregat.

Durante el camino, encontramos algo que nos llamó la atención: antes de llegar al municipio de La Pobla de Lillet (municipio cercano a Castellar), descubrimos un museo (para mi gusto un poco dantesco, además rompe la estética bucólica a la que me refiero), el museo del cemento,
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justo al lado del ferrocarril que une ese museo con La Pobla de Lillet. Creo que va todo unido. Paramos para hacernos eco de la fábrica abandonada que, recientemente convirtieron en museo. A mi personalmente, no me gustó, pero para gustos los colores, pues mi novio tubo que parar el coche para quedarse asombrado sobre aquella imagen : )

Y por fin, llegamos al pueblecito. La verdad es que escogimos un fin de semana en marzo y no había a penas turismo, así que vale la pena viajar por estas fechas. Pueblecito repleto de restaurantes que ofrecen carnes a la brasa y escudella (sopa típica catalana). El pueblo se ve embaucado por su aroma a brasas de lea, que despierta aún más su abrumadora inspiración romántica (además del apetito.). También hay muchas tiendas típicas que venden embutidos caseros y pan de lea (buenísimo todo por cierto). Subiendo pueblo arriba, podemos disfrutar de un mirador impresionante, una caseta de pastor típica de la zona. La iglesia, románica, se sitúa en medio del pueblo, creando una plaza preciosa donde decidimos descansar poco, debido a que hacía bastante frío (aún se podía ver la nieve en los picos de las montaas).

Después del paseo, decidimos parar a comer. De entre los muchos restaurantes, escogimos uno (la fonda xica), que queda arriba del todo del pueblo. La verdad es que lo escogimos por barato, pero entre que en el menú no incluían bebida ni el IVA, nos hubiera salido más a cuenta cualquier otro más cercano. Además que no es que comiéramos muy bien. Pero bueno,
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para salir del paso.